¿Reforma, Coaliciones o Congelamiento? Los Escenarios Post-2030
El reluciente perfil urbano de Nairobi refleja su creciente estatura como centro global: la Oficina de las Naciones Unidas en Nairobi ya alberga funciones clave de la ONU, y tres agencias principales — UNICEF, UNFPA y ONU Mujeres — tienen previsto trasladar operaciones significativas allí para 2026.
Este artículo fue escrito por Nils-Sjard Schulz, socio fundador de MultiPolar, y publicado originalmente en inglés en Bits, Bobs & Big Ideas, una plataforma curada por Tomorrow Is Possible.
El debate sobre “qué viene después de 2030” ya no se trata de marcar casillas de objetivos. Se trata de poder, posicionamiento y del propio rumbo del multilateralismo. Los ODS representaron ese momento excepcional en que desarrollo y sostenibilidad se unieron bajo una sola bandera: menos una lista que un paradigma. Pero ese consenso se está resquebrajando. El financiamiento global para el desarrollo está bajo tensión, la geopolítica se ha agudizado y los sistemas multilaterales enfrentan presiones crecientes.
La siguiente etapa no se decidirá en una cumbre ordenada: se disputará a través de múltiples canales, con alianzas cambiantes y prioridades que compiten por espacio.
Sin embargo, muchos países en desarrollo no abandonarán el barco. Los ODS están integrados en planes nacionales, marcos fiscales e incluso mandatos legales. Ministerios de Finanzas emiten bonos ODS; gobiernos locales impulsan planificación 2030. Más allá de las turbulencias en Nueva York o Ginebra, los objetivos seguirán siendo un lenguaje operativo y un ancla de política pública para numerosos actores soberanos más allá de 2030.
Como pieza clave del futuro de la Agenda 2030, UN80 no es solo un esfuerzo de revitalización: es una prueba viva de voluntad política, legitimidad y propósito institucional. Lanzada en 2025, busca racionalizar y fortalecer a la ONU de cara a su 80.º aniversario. Podría dinamizar la reforma, pero también podría diluir mandatos, priorizar el ahorro sobre el propósito y poner a prueba la legitimidad si la sociedad civil y los Estados miembros se sienten excluidos. De hecho, ya hay resistencia visible dentro del propio personal de Naciones Unidas.
Cómo aterrice UN80 moldeará no solo estructuras y financiamiento, sino también la confianza en el sistema multilateral. Y el próximo gran punto de inflexión llega mucho antes de 2030: la Cumbre de los ODS de 2027. No solo medirá avances, sino que mostrará hacia dónde se orientan la voluntad política y los recursos: si hacia un multilateralismo renovado, coaliciones ágiles o un retiro silencioso.
Frente a este panorama, emergen tres escenarios amplios. Cada uno es político, recompensa un tipo distinto de diplomacia y dependerá de lo que ocurra entre hoy y 2030, especialmente con UN80: un momento de reforma que puede inyectar nueva energía o agotar la que queda del sistema.
1. Multilateralismo renovado: reformar el núcleo, ampliar la mesa
Este es el escenario de alta ambición: una reforma real del sistema de la ONU, la integración de las agendas de financiamiento, clima y ODS, y una redistribución de voz y responsabilidades en un mundo multipolar. Implicaría revisar divisiones viejas y nuevas —como la gobernanza tecnológica, la tributación, la migración o el financiamiento— y tender puentes entre potencias avanzadas y emergentes sin dejar a nadie atrás.
Para muchos, UN80 será el campo de prueba decisivo. Si la reforma trasciende los ajustes de eficiencia y logra restaurar legitimidad, proteger normas y movilizar recursos hacia la implementación, podría generar un nuevo impulso para la agenda post-2030. Si decepciona, el apetito por otro “gran pacto” se evaporará rápidamente.
No obstante, la competencia geopolítica complica el consenso: las grandes potencias —incluidas Estados Unidos y China— priorizarán sus intereses estratégicos, y el apoyo a los bienes públicos globales dependerá de su alineación con objetivos de seguridad, económicos o tecnológicos.
La incógnita es si las potencias medianas —divididas entre la cercanía o el distanciamiento de Washington— replicarán ese guion o impulsarán un multilateralismo renovado, capaz de articular un paquete de reformas.
Institucionalmente, el éxito exige una Secretaría dispuesta a liderar y agencias que actúen más allá del rol de proveedoras de servicios; sin liderazgo interno sólido, este escenario seguirá siendo aspiracional. En el plano financiero, la innovación —ya sea mediante un vehículo global de financiamiento ODS o reformas fiscales y de deuda significativas— podría dar a los reformadores la palanca que necesitan.
2. Coalición de los dispuestos: clubes, redes y negocio programático
Cuando la universalidad se estanca, la política se mueve hacia coaliciones: clubes de los dispuestos en torno al clima, la gobernanza digital, la tributación o la protección social. Algunas ya existen: BRICS+, con el impulso del NDB a las monedas locales; el acuerdo tributario OCDE/G20; o las nuevas alianzas sobre seguridad en inteligencia artificial.
Estas coaliciones pueden avanzar más rápido, innovar y desbloquear financiamiento donde los procesos multilaterales se atascan. También permiten que potencias medias, ciudades, regiones y empresas influyan en las agendas. Pero invitan al forum-shopping y a la exclusión: quienes tienen las alianzas, mercados o tecnología adecuados dictan las reglas, mientras los PMA, PEID y pequeños países de ingreso medio corren el riesgo de convertirse en tomadores de precios a medida que los estándares se fragmentan.
Si UN80 debilita las normas universales y acelera la contracción del financiamiento básico, las agencias competirán por fondos etiquetados y harán malabares entre mandatos y recaudación. En ese escenario, el desafío es claro: cómo asegurar que las coaliciones complementen —y no canibalicen— la vía universal, garantizando transparencia, estándares e inclusión mínima.
3. Congelamiento: el business-as-usual por defecto
La opción menos exigente consiste en extender los ODS, ajustar algunos indicadores y llamarlo continuidad. O permitir que la agenda se fragmente en silos pasivos —clima, salud, inteligencia artificial y otros— que avanzan por carriles separados, con poca coordinación, impulso político o recursos. Un sistema perfecto para el forum-shopping.
Este escenario atraerá a quienes desconfían de grandes negociaciones, evitan la rendición de cuentas global o simplemente están cansados de reformar. En algunas capitales, “congelar” no se ve como fracaso, sino como estrategia: brinda estabilidad y previsibilidad. Pero entraña riesgos: pérdida de legitimidad, sinergias desperdiciadas y erosión gradual de la relevancia multilateral.
También tiene beneficiarios: donantes reacios al riesgo con herramientas bilaterales fuertes, ministerios sectoriales aislados y agencias cuyos flujos de fondos etiquetados funcionan mejor sin integración.
UN80, una vez más, será decisiva. Un proceso de reforma que agote el capital político, financiero y reputacional podría dejar poca energía para la siguiente agenda, convirtiendo al “congelamiento” en la opción por defecto. La resistencia del personal y la pérdida de capacidades por recortes podrían frenar aún más las ambiciones.
La fatiga reformista puede afianzar la inercia y fragmentar la confianza, sobre todo si el proceso se percibe como apresurado, vertical o insensible a los mandatos.
Movimientos transversales
Independientemente del escenario, cuatro lecciones sobresalen:
La definición de agenda será fragmentada: la Asamblea General, la FfD4, los foros regionales y los debates sobre clima y tecnología marcarán el tono. UN80 pondrá la música de fondo. Los gobiernos necesitan narrativa y alianzas ahora, no en 2029.
Las Revisiones Locales Voluntarias (VLRs), las ciudades y los foros regionales seguirán siendo los espacios donde se construye credibilidad. Las coaliciones se verán vacías sin resultados locales.
Quienes creen nuevos fondos —y adapten los existentes para la acción— definirán qué importa realmente.
Si UN80 preserva o erosiona los mandatos centrales bajo presión de costos será la prueba de fuego de la resiliencia sistémica.
Conclusión
El período post-2030 no será un ejercicio técnico, sino un mercado político, y UN80 es la primera gran prueba de su moneda de cambio.
Los tres escenarios no son excluyentes: coexistirán.
Los actores inteligentes construirán capacidad para los tres: reformar donde puedan, coaligarse donde deban y protegerse frente a la deriva.
Lo que no pueden permitirse es estar ausentes ni confundir proceso con poder.
Ah, y sea que conduzcamos o derivemos, el núcleo sigue siendo este:
“El poder corresponde a la capacidad humana no solo de actuar, sino de actuar en concierto.”
— Hannah Arendt
